sábado, 10 de octubre de 2009

Para Mateo.

Para Mateo Sanabria con todo mi afecto,

 

 

Los ojos del niño absortos ante el océano. Observa la caída de las olas hasta que éstas tocan la arena para después alejarse. Sentado e inmóvil, apenas si levanta un puñado de arena, lo aprieta indiferente hasta que se le escapa y regresa a su sitio. Estaría solo en la playa. Estaría solo en la playa de no ser por el auto volcado a sus espaldas. Estaría mejor acompañado si no fuera porque sus padres han muerto dentro del auto. Paisaje estático que apenas es inmutado por una espesa gota de sangre que brota de la cabeza del niño, recorriendo el camino de su cuello, hasta chocar violentamente contra el borde de su camiseta blanca de algodón.

 

 


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